Cómo manejar las frustraciones

La diferencia entre un bar de carretera y una cafetería de toda la vida es que sin pedirlo te pongan un vaso de agua fría. Estoy harto de los sitios que no se adaptan a su categoría, no entiendo que si me han ofrecido una ensalada de bogavante me sirvan, adornando, lechuga de bolsa; y es que no pido más de lo que estoy dispuesto a pagar, nunca lo he hecho.

La frustación es una serie con demasiadas temporadas, un solomillo hecho de más, esa  mujer de orgasmo discreto, una lubina con poca sal. La frustación es impotencia y proviene, la mayoría de los casos, de una expectativas mal calculadas. Cuando está nublado nos alegramos si no llueve pero si está soleado nos molesta que se nuble. Un buen político sabe jugar con las pretensiones y un buen relaciones públicas sabe crearlas, por eso nos encanta Jude Law con sombreros, supo hacernos saber, sin aspavimientos, que se iba a quedar calvo. No sé a vosotros pero a mi me gusta más que antes.

 

Propongo manejar nuestras esperanzas fingiendo que queremos ser felices: leer un libro que no conoces, ver una película de la que no has oído hablar, visitar un parque del que no hayas visto 200 fotos en Instagram, quedar a tomar café con una chica, no porque quieras hacérselo en el ascensor esa misma tarde, que también, sino porque te apetece saber si toma un descafeinado de máquina o un sólo con hielo. Sin presuponer nada, sentir que te gusta conocerla de día, aprender por dónde empieza el periódico.

 

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