Volver

  
Los últimos meses he avanzado tanto que tengo la sensación de volver continuamente, como un Prometeo del siglo XXI condenado por los dioses a sentir que todos los días son novedosos, sin alcanzar una rutina mínimamente estable ni un camarero que pregunte si me sirve lo de siempre. Cuando estoy de buen humor juego a que soy aquel príncipe siciliano que llega a comprender que algo tiene que cambiar para que todo siga igual.
Una vieja amiga decía que el Infierno era una mudanza continua y con el tiempo sentí mucha lástima por ella porque cambiar de amor es casi más fatigoso que elegir una lámpara para el salón. Los cambios nos hacen más fuertes pero al mismo tiempo nos debilitan, como si nos dejáramos un fragmento de nuestra alma en cada uno de ellos, horrocruxes que escondemos en cada ciudad en la que vivimos, en cada persona a la que amamos. Vivir es una constante lucha contra una creciente melancolía.
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