El sentido de las cosas

  
El tiempo no es algo que me obsesione especialmente pero admito que cada mañana, al mirarme al espejo, me despido por si no me vuelvo a ver. Después de la ceremonia, ya en la ducha, recuerdo el nombre de las cosas y mientras estoy tomando el primer café recupero la capacidad de hablar. Una vez que adquiero apariencia de respetabilidad dedico todos mis esfuerzos para no parecer un bobo adormilado y, por suerte, todos los días pasa algo que me permite divagar sobre la naturaleza humana.  
Un millonario asiático compró El Desnudo Acostado de Modigliani por 170 millones de dólares y yo no sé lo que voy a cenar esta noche, aunque parezca extraño cuando leí la noticia pensé en que hace unas semanas ayudé a un amigo a subir a su casa un zapatero de madera que había encontrado en la calle junto a la basura, lo colocó en un sitio privilegiado de la habitación y guarda dentro sus zapatos más queridos. Sé que el señor que compró el cuadro es más rico que mi amigo pero no estoy seguro de cuál de los dos está más contento con su adquisición, como el niño que era muy feliz…

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