Los calores

La gran noticia de esta semana es que el verano se ha instalado en el corazón de las mujeres que levitan por La Latina con esas camisetas de tirantes, todas quieren ser Emperatriz de Lavapiés.

Resfriarse cuando en la calle se superan los 30 grados es una penitencia por pretender ser más listo que la Madre Naturaleza, jugar a ser Dios bajando la temperatura, utilizando el mando del aire acondicionado como si fuera el rayo de Zeus. Un desprecio al orden cósmico de las estaciones que me toca pagar

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Demasiados dragones (Juego de Tronos, T5x01)

La culpa es del script

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Por Juan Francisco Quesada

¡ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS!

Valar morghulis. Las historias complejas a menudo tienden a dar un paso atrás para darle al espectador las claves más importantes que antes solo se habían apuntado sutilmente. En Juego de Tronos los personajes se van incorporando a un ritmo incluso mayor al que los van matando, de modo que los creadores de la serie, Benioff y Weiss, los reparten a lo largo de un mapa en continua expansión.

Si la cuarta temporada se despidió con Arya Stark caminando por la cubierta de un barco abrazado por la niebla, la quinta ha empezado con el esperado flashback, primero de toda la serie, en el que nos dan un elemento fundamental para comprender a Cersei, la idea fuerza que sobreexcita su sentido de supervivencia. “De oro serán sus coronas y de oro sus mortajas” dice la profecía escupida por Maggy La…

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La gran serie de Superhéroes: Los X-men

La culpa es del script

Por Juan Francisco Quesada

Fox está negociando con Marvel alrededor de la posibilidad de hacer una serie de los X-Men. Lo que, a primera vista, parece un titular más, a mí me altera hasta límites insospechados. A pesar de que los protagonistas de la noticia estén rebajando las expectativas yo los ignoro y me dedico a divagar, pienso en una serie de superhéroes bien concebida, con un guion sólido y unos buenos actores desconocidos con alguna estrella.

Smallville no entendió del todo las posibilidades que tenía, si Gough y Millar, sus creadores, hubieran sido valientes se habría parecido más a la primera temporada de ‘Heroes‘ que a Lois y Clark; pero no fue así, en todo caso nos dejó apuntadas muchas posibilidades para los superhéroes en el entorno televisivo. Han venido bastantes después, y de ellas las que más ha llamado la atención es ‘

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La belleza del proceso

La vida es un proceso fugaz y terrible que termina un tiempo variable después de la muerte. Hay personas que creen que un instante es sólo un momento pero están equivocadas porque hasta un parpadeo tiene presentación, nudo y desenlace. Hay sonrisas de mujer que incluso tienen consecuencias, casi como si fueran el batir de alas de una mariposa caprichosa en las llanuras de Oregon, como el prestige de aquella película de magia.

Los hombres débiles tendemos a imputar la responsabilidad de los acontecimientos adversos al momento que mejor encaje con nuestra conciencia, es una trampa sencilla que nos permite dormir lo suficiente como para seguir cometiendo errores que repartir a los demás. Admiro al hombre capaz de decir que un libro no le gusta pero que contiene una reflexión bellísima de la amistad, que la película le aburre pero los títulos de crédito le fascinan, que ya no recuerda el rostro de aquella mujer pero todavía sueña con su forma de quitarse el vestido, casi sin moverse, como si le ordenase caer con un golpe de melena. Comprender los procesos temporales ayuda a disfrutar los pequeños detalles.

Querer ser justo implica la voluntad de aprender a estructurar las historias, a darles un principio y un final, aplicar una lógica sentimental a todo lo que empieza y acaba porque las tautologías únicamente funcionan para los finales abiertos y en la vida real no existen. Nuestro mundo son historias que terminan desde el mismo momento en el que empezaron y si no lo aceptas vives enganchado a recuerdos o expectante de comer unas perdices que nadie va a cazar para ti.

Llevo años intentando descubrir por mí mismo cuándo se nos jodió el Perú, que es otra forma de decir que estamos al final de un proceso largo y tortuoso cuyo inicio ya nadie recuerda. Soy optimista, lo suficiente como para creer que están empezando cosas. Las canas van ganando terreno de mi melena leonina, me duelen las rodillas por lesiones de juventud cuando el tiempo refresca, las resacas son de gatillo fácil, gruño por cosas que antes no me importaban, madrugo los domingos para limpiar el coche y comprar el periódico. Todo son procesos.

La física de los superhéroes

Nadie por la calle

Cuenta la historia que, en 1957, cuando Estados Unidos perdió la carrera espacial contra la URSS (los dos Sputnik y la perrita Laika en el espacio) se animó a las editoriales del cómic a que incluyeran avances tecnológicos en las historietas para animar a los chavales a adentrarse en el mundo de la ciencia. Las editoriales obedecieron y al año siguiente, Batman se las tuvo que ver con un científico loco y malvado que con un generador de ondas de choque trataba de encontrar la guarida del murciélago mediante el tiempo que tardaban en retornar las ondas.

Sea como fuere, James Kakalios, profesor de física de la Universidad de Minnesota y autor del libro La física de los superhéroes, reconoció hace algunos años que todo lo que sabía de ciencia lo había aprendido en los cómics. Y es que, cuando aceptamos la premisa de que a Superman le tiemblan las rodillas…

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El zapatero

Hoy he entrado en una zapatería después de muchos años. Casi había olvidado ese olor a piel y ungüentos mágicos, los cajones de madera donde guardar clavos, cintas, topes, moldes, cuñas, tapas, y una larga lista de artilugios sencillos que sólo los zapateros saben poner en el orden adecuado. Cuando era un crío pasaba las tardes en la zapatería del barrio, el buen hombre que la regentaba me dejaba jugar con sus instrumentos de trabajo de uno en uno, tenía que devolver el que había cogido a su sitio original y luego podía coger otro, el que quisiera. Esta preparación infantil era extraordinariamente útil para un audaz muchacho que quería ser arqueólogo porque las herramientas de trabajo eran muy parecidas, sólo había que imaginar que el zapato Oxford que tenía entre manos era una daga micénica.

Las horas pasaban muertas como si todo el mundo usara zapatillas deportivas pero siempre había cosas que hacer, no ponía la radio ni la televisión, y eso me resultaba sorprendente porque lo único que escuchabas tras cerrar la puerta acristalada de la calle era conversación de viejos amigos y martillos golpeando materiales sencillos como cuero, madera o metal.

Al entrar hoy y ver al zapatero encorvado sobre unos tacones de aguja negros he estado a punto de abrazarlo y contarle en cinco minutos lo que ha pasado durante estas últimas décadas. Quería decirle que mi abuelo, su íntimo amigo con el que iba a la zapatería, murió muy rápido unos años después de él, que mi abuela también se había ido, que el lugar donde estaba su negocio es ahora una persiana metálica enferma de óxido. Quería decirle que me gustaba verlos hablar en aquellas sillas de enea aunque no entendiera nada, me sentía importante porque yo era un niño y el me llamaba Don Juan.

Como las piscinas que se vacían en invierno, al recuperar todos esos recuerdos he sentido que la memoria hay que cuidarla con regularidad porque si no lo haces no hay agua suficiente para tirarse de cabeza y estás condenado a darte un golpe importante. El zapatero ha hecho dos agujeros más al cinturón, no ha querido cobrarme nada y yo me siento fatal porque es como si le debiera dinero a un muerto.

La gran farsa – The Good Wife

La culpa es del script

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Por Juan Francisco Quesada

‘The Good Wife suena a violines y a silencios incómodos de ascensor, huele a vino italiano, el tacto es de traje inglés, sabe a beso en la comisura de los labios y todo lo que vemos es una maravillosa farsa. Me niego a considerarlo rutina porque a pesar de ser algo a lo que ya nos hemos acostumbrado, el hecho de que una serie aguante seis temporadas a ese nivel debería ser noticia. Con Alicia Florrick y sus desdichas me pasó lo mismo que con las alcachofas: las probé muy al principio y no me disgustaron pero decidí darles un tiempo; caprichos provocados por la euforia de la adolescencia que me impidieron seguir con ella hasta un par de años más tarde del estreno. Sería deshonesto decir que desde el principio reconocí al mirlo blanco; lo confundí con una paloma. Me gustó el piloto y…

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