De Dios, catalanes y sociólogos

Me gustaría encontrarme en la misma habitación con mucha gente, desde Wes Anderson pensando en si se deja bigote a Vladimir Putin con el pecho descubierto mostrando una trucha del tamaño de un disidente de mediana edad, la lista es interminable porque siempre he sido muy curioso, de hecho creo que si hubiera nacido mujer me habría llegado antes la menopausia que la regla. Pero si ahora pudiera elegir, en este mismo momento, metería en una habitación sin ventilación ni agua al ministro Wert, a algunos rectores de universidad, profesores de colegios e institutos y unos pocos alumnos, pero de los que están matriculados, estudian y sacan buenas notas.
El primer punto del orden del día sería una ucronía, divagar sobre lo que hubiera pasado si en el Congreso de los Diputados la mayoría de los partidos acordara un plan de educación llamado a permanecer en el tiempo. “¿Hubiera sido la hostia, eh? Comenta Wert, jocoso, mientras la compañía respira aliviada porque entienden que si eso fuera cierto, no tendrían absolutamente nada que hacer.
Luego, para solucionar el tema lo más rápido posible porque soy de esa gran mayoría de españoles responsables y conscientes de que la educación es el mayor problema que existe en nuestro país desde hace décadas, planteo los siguientes puntos a tratar de manera sumaria: las clases de religión, los idiomas en que se darán las clases y la nota mínima para conseguir ciertas becas universitarias. ¡Con dos cojones!

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